
El pasado 31 de mayo, un testigo observó una nave en forma de disco sobre las colinas que dominan la Vantage Highway, a pocos kilómetros del complejo nuclear de Hanford. El objeto, cuya mitad inferior reflejaba la luz del sol "como un espejo", se desvaneció en cuestión de segundos, un patrón que coincide con decenas de testimonios registrados en este corredor a lo largo de más de ocho décadas.
Eran las 10:04 de la mañana del domingo 31 de mayo de 2026 cuando un conductor que circulaba por la Vantage Highway, al norte de West Richland, en el estado de Washington, alzó la vista hacia las laderas de Rattlesnake Mountain. Según el informe que presentó esa misma tarde ante el Centro Nacional de Reportes de OVNIs (NUFORC), con sede cercana, a las afueras de Spokane, divisó entonces una forma que en un primer momento comparó con un dirigible suspendido en el aire.
"Era un disco, la mitad superior de un color oscuro, la mitad inferior de un cromado deslumbrante, sobre el que se reflejaba el sol", escribió en su declaración. Situó el objeto a una distancia aproximada de seis a ocho kilómetros, hacia el sureste, con un ángulo de elevación de unos 45 grados. No mostraba movimiento alguno. "Estaba quieto, era enorme. Lo vi entre tres y seis segundos. Después desapareció al instante, como si una capa lo hubiera cubierto."
El testigo, que viajaba solo en su vehículo en el momento de los hechos, insistió en la intensidad del reflejo metálico: "No puedo expresar lo suficiente lo mucho que brillaba la parte inferior de la nave." En su informe no se menciona trayectoria, aceleración ni sonido alguno. Más que huir, el objeto parece haberse simplemente apagado, un patrón que algunos ufólogos denominan "ocultación instantánea", documentado en varios cientos de casos en todo el mundo sin que ninguna explicación óptica o atmosférica haya logrado consenso.
Hanford, el terreno más fértil del país para las naves no identificadas
Tomado de forma aislada, este testimonio podría descartarse como una ilusión óptica o el destello de una aeronave convencional. Pero su ubicación lo sitúa de lleno en un paisaje cargado de historia. West Richland limita con el Sitio de Hanford, el antiguo complejo de producción de plutonio construido en 1943 dentro del Proyecto Manhattan, que suministró el material fisible tanto para la primera prueba atómica en Trinity como para la bomba lanzada sobre Nagasaki.
Los investigadores que estudian el expediente Hanford remontan los primeros avistamientos al mismísimo período de construcción del sitio. A finales de 1942 se eligió el emplazamiento para albergar la primera planta de producción de plutonio del mundo, sin que existiera registro previo de interacciones con naves no identificadas en ningún punto del estado de Washington. Pero apenas meses después de completarse la primera unidad de producción, el "Reactor B", en septiembre de 1944, comenzaron a detectarse sobre la instalación inexplicables "ecos" de radar.
Una correspondencia recuperada posteriormente por los investigadores del archivo Project 1947 documenta el relato del comandante R. W. Hendershot, encargado de investigar estos retornos de radar no identificados detectados a finales de 1944 y comienzos de 1945. El asunto llegó a ser lo bastante grave como para que el mando militar local se involucrara formalmente. El coronel Franklin Matthias, oficial al mando de las Hanford Engineer Works durante la guerra y responsable de la rueda de prensa celebrada tras el bombardeo de Hiroshima, confirmó más tarde que se había instalado radar "cuando vimos, o creímos ver, aeronaves no identificadas en actividad". Señaló además que se había alcanzado un acuerdo entre Hanford y la Marina por el cual los pilotos de caza del 9.º Comando de Servicio defenderían el sitio frente a cualquier tipo de aeronave.
Esos pilotos fueron movilizados en varias ocasiones más inquietantes en enero de 1945, cuando se reportaron objetos no identificados en al menos tres episodios distintos sobre la planta de producción de plutonio de Hanford. Uno de los pilotos involucrados, Clarence R. Clem, los describió como "bolas de fuego de un naranja rojizo brillante… sin forma, sin sustancia".
Un corredor que nunca ha dejado de atraer las miradas hacia el cielo
Lejos de desvanecerse tras la guerra, el fenómeno persistió a lo largo de las décadas siguientes. Un testimonio recogido más recientemente recuerda una noche del verano de 1965 en la que una familia entera habría presenciado un centenar de objetos luminosos, en forma de cápsula, dispersos sobre varios cientos de hectáreas de la estepa arbustiva de Hanford, permaneciendo encendidos durante horas sin variar su intensidad, una escena que el testigo sigue contando entre los recuerdos más vívidos de su infancia.
Según Dan Nims, representante de la red Mutual UFO Network (MUFON) en Walla Walla, los avistamientos en Hanford son anteriores incluso a la célebre oleada de 1947, y se remontan a 1944 y 1945, cuando el sitio, en plena guerra, era una zona extremadamente sensible y estrechamente vigilada. Más recientemente, un trabajador de la reserva nuclear que conducía hacia el norte a través del sitio durante la noche se sobresaltó al ver un objeto vertical en forma de puro, equipado con luces, suspendido a más de 150 metros de altura. "Mientras lo observaba, desapareció", relató al MUFON, antes de que el mismo objeto reapareciera, esta vez "mucho más cerca y justo encima de mí", con una longitud estimada de entre 30 y 90 metros.
Nims, que dedica parte de su tiempo a recopilar este tipo de testimonios para el MUFON, apunta a una hipótesis recurrente en los círculos ufológicos: las instalaciones nucleares —ya sean centrales eléctricas, buques de la Marina equipados con reactores o instalaciones armamentísticas como Hanford— parecen concentrar un número desproporcionado de avistamientos. Algunos investigadores sostienen que el detonante pudo haber sido la propia detonación de las primeras armas atómicas, que habría marcado, a ojos de hipotéticos observadores, un salto tecnológico mayúsculo para la especie humana.
La zona que engloba Hanford y los condados de Benton y Franklin sigue siendo, según las cifras citadas tanto por el MUFON como por el NUFORC, uno de los puntos más activos del estado de Washington en cuanto a avistamientos, con ambas organizaciones registrando juntas entre diez mil y doce mil reportes al año en todo el país.
West Richland, ya familiarizada con el fenómeno
El avistamiento del 31 de mayo no es el primero procedente específicamente de West Richland. Un testigo ya había reportado anteriormente, desde la calle Keene, frente a Rattlesnake Mountain, un destello metálico observado en pleno día, sin objeto visible ni nubes en el cielo más allá del propio resplandor, que se repitió cuatro veces antes de desvanecerse en dirección a Hanford, en una descripción sorprendentemente similar a la recogida esta primavera.
"Estaba quieto, era enorme. Lo vi entre tres y seis segundos. Después desapareció al instante, como si una capa lo hubiera cubierto."
— Fragmento del informe NUFORC n.º 198204, presentado el 31 de mayo de 2026
La sombra de Maury Island y el nacimiento de la era moderna
Resulta difícil hablar de los cielos de Washington sin remontarse al episodio fundacional de la ufología moderna. El inicio de la era moderna de los avistamientos de OVNIs se sitúa generalmente en 1947, cuando Bill Bequette, entonces joven reportero del East Oregonian de Pendleton, redactó una breve nota sobre el extraordinario avistamiento relatado por el piloto Kenneth Arnold. Arnold volaba entre Chehalis y Yakima cuando divisó una cadena de nueve objetos desplazándose en formación cerca del monte Rainier, a una velocidad que estimó en cerca de 1.900 kilómetros por hora.
Apenas unos días después de ese avistamiento, hoy legendario, se produjo el llamado incidente de Maury Island, en el Puget Sound, donde un guardacostas reportó haber visto seis objetos circulares con forma de rosquilla. Algunos teóricos han intentado vincular el episodio, sin pruebas creíbles, con desechos radiactivos procedentes de Hanford, una hipótesis que los historiadores del caso consideran hoy carente de respaldo documental, dado que los residuos de Hanford siempre han permanecido bajo estricto confinamiento dentro del propio sitio.
Qué hacer con este nuevo reporte
Tomado de manera aislada, el testimonio del 31 de mayo constituye un avistamiento breve, no corroborado por otros testigos ni respaldado por evidencia de radar o fotográfica. Aun así, el perfil descrito —un disco inmóvil y reflectante seguido de una desaparición instantánea sin transición— resulta coherente con un número considerable de reportes previos recogidos en este tramo muy concreto del territorio estadounidense, que lleva más de ocho décadas atrayendo una atención desproporcionada tanto de testigos como de investigadores.
Queda una pregunta que ni siquiera los archivos militares parcialmente desclasificados han logrado resolver: ¿por qué esta franja de tierra árida a orillas del río Columbia, cuna del programa estadounidense de plutonio, sigue atrayendo, generación tras generación, estas silenciosas apariciones?
Grok, CC0,

0 comentarios: