miércoles, 3 de junio de 2026

Se observaron ovnis fantasma en Nueva Zelanda en 1909.

Todo comenzó en la oscuridad de una noche de julio. En el pequeño pueblo de Stirling, en el extremo sur de la Isla Sur, varios habitantes juraron haber visto luces desplazándose por el aire — luces que nada, ni una linterna en mano ni un globo libre, parecía capaz de explicar. El periódico local, elClutha Free Pressde Balclutha, publicó la noticia el 13 de julio de 1909. Nueva Zelanda aún no lo sabía, pero acababa de abrir uno de los expedientes aéreos más misteriosos de su historia.

Durante más de un mes, lo que parecían ser «aeronaves» de formas y tamaños variables cruzaron los cielos del país. Los testimonios llegaron de todos los rincones del territorio. En las zonas donde los avistamientos eran más frecuentes, los vecinos se congregaban en las calles al caer la noche, atentos a lo que ya llamaban el«navío fantasma».

«Si el objeto vuelve a aparecer a tiro, algunos de los chicos de la playa van a intentar reventarlo de un balazo.»

— George Smith, citado en el Clutha Leader, 27 de julio de 1909

Kelso, epicentro de una conmoción nacional

Fue en torno al pueblo de Kelso, en Otago, donde los avistamientos adquirieron su dimensión más perturbadora. El 23 de julio de 1909, al mediodía, un grupo de escolares y su maestro observaron en plena luz del día un aparato cuya forma describieron como la de una barca, con lo que parecía ser la silueta de un hombre sentado en su interior. La máquina provenía de la dirección de las Blue Mountains, trazó círculos sobre la escuela a gran altura y desapareció por donde había llegado.

Al día siguiente, una docena de artesanos que trabajaban a seis millas de distancia apuntaron sus telescopios y prismáticos hacia el objeto. Desde dos millas, distinguieron con claridad una forma de cigarro, una gondola suspendida bajo el cuerpo del aparato y lo que parecía una hélice. Seis niños testigos de la escena realizaron de manera independiente bocetos del artefacto — dibujos que el periódico reprodujo el 31 de julio. Uno de los muchachos señaló haber visto la hélice invertir su giro antes de que el aparato efectuara un viraje brusco. Ninguno de los niños había dibujado jamás una aeronave, y ninguno sabía lo que era un dirigible.

Archivo · Otago Daily Times, 5 de agosto de 1909

«La cosa remontó el puerto, aparentemente a sólo veinte o treinta metros sobre el agua, con una rapidez extraordinaria, y luego ascendió de repente, giró a la izquierda y desapareció sobre las colinas en dirección a Anderson's Bay.»
— Testimonio recogido en el puerto de Otago

Un fenómeno metódico: de sur a norte

Lo que llama la atención desde una perspectiva retrospectiva es la coherencia geográfica de los testimonios. Los primeros avistamientos se produjeron en el extremo sur de la Isla Sur — una región marcada por la fiebre del oro de décadas anteriores — antes de desplazarse progresivamente hacia el norte. En agosto, los relatos llegaban desde Dunedin, Timaru, Geraldine y Temuka. En septiembre, fue desde Gore donde cientos de personas reportaron un objeto oscuro en forma de cigarro sobrevolando las colinas de Tapanui entre las 16:30 y las 18:00 horas del 1 y 2 de ese mes.

Cuando la oleada se calmó en Nueva Zelanda, avistamientos similares comenzaron a registrarse en el este de Australia. La teoría del inventor solitario que probaba su máquina en el interior del país se desvaneció definitivamente: ningún aficionado podía cruzar el mar de Tasmania con su artefacto.

13 de julio de 1909

Primeros testimonios en Stirling — publicados por elClutha Free Pressde Balclutha.

23–24 de julio

Avistamientos diurnos en Kelso: escolares, artesanos, familias. Seis bocetos independientes realizados por niños.

5 de agosto

ElOtago Daily Timesrelata una aparición a muy baja altitud sobre el puerto de Otago.

Finales de agosto

El fenómeno se desplaza al norte: Nelson, Dargaville. Multitudes se reúnen cada noche en las calles.

1–2 de septiembre

Último pico de avistamientos masivos en Gore — cientos de testigos simultáneos — antes de que el fenómeno se traslade a Australia.

Testigos irrefutables, explicaciones insuficientes

Entre los testigos figuraban un maquinista de locomotora, trabajadores de dragado, comerciantes de Dunedin y un pastor presbiteriano acompañado de su esposa e hijos. Estos últimos observaron el objeto a través de «vidrios de colores» y telescopios: una silueta en forma de cigarro que se desplazaba en completo silencio. Por la noche, el aparato proyectaba a veces una luz tan potente que iluminaba las laderas de las colinas circundantes.

En aquella época, ninguna aeronave dirigible operaba sobre Nueva Zelanda. Los dirigibles del conde von Zeppelin realizaban sus primeros vuelos en Europa desde 1900, pero su autonomía era incompatible con un trayecto hasta el hemisferio sur. Los hermanos Wright habían completado su primer vuelo apenas en 1903, y sus frágiles aparatos eran incapaces de vuelos nocturnos sostenidos a larga distancia.

Los periódicos escépticos ofrecieron sus propias soluciones. Cisnes negros confundidos en la oscuridad, globos de papel con vela, el planeta Marte, estrellas fugaces. Un granjero de las Black Hills encontró dos bidones de gasolina en un lugar inaccesible para cualquier vehículo a motor — y se sugirió que una aeronave debía de haber aterrizado allí para repostar. En el distrito de Otama, otro agricultor descubrió varias llaves inglesas esparcidas en un campo, y supuso que una tripulación había realizado reparaciones sobre el terreno.

«Ya llegó. Llevábamos semanas esperando esta terrible noticia…»

— Thames Star, burlándose de la histeria colectiva tras los avistamientos de Nelson

Un misterio que la historia no ha resuelto

El recuerdo de estos hechos se desvaneció rápidamente — hasta que investigadores redescubrieron, décadas más tarde, los legajos de periódicos amarillentos conservados en la Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda. El proyectoPaperspast, que digitaliza el patrimonio de la prensa neozelandesa, ha permitido desde entonces a historiadores e investigadores acceder a decenas de testimonios originales.

Lo que perdura es una pregunta que ni el racionalismo de 1909 ni el nuestro ha sabido cerrar: ¿qué vieron realmente esos cientos de testigos — hombres y mujeres ordinarios, dispersos por dos islas, sin ningún vínculo entre sí — durante esas seis semanas del invierno austral? ¿Un fenómeno natural colectivamente malinterpretado? ¿Un aparato secreto cuya existencia jamás fue revelada? ¿O algo completamente distinto, para lo que el lenguaje de la época sencillamente no tenía nombre?

El «navío fantasma» de 1909 sigue, a día de hoy, sin una respuesta definitiva.

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Gemini, CC0,
Fuentes
TagsO.V.N.I.
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