
Entre las demandas más extrañas de la historia judicial de Estados Unidos, el caso presentado por Gerald Mayo contra Satanás ocupa un lugar único. Convencido de que el Príncipe de las Tinieblas era responsable de todas sus desgracias, este prisionero de Pensilvania decidió acudir a un tribunal federal en busca de justicia.
Según la denuncia presentada en aquel momento, Mayo afirmaba que el Diablo era la causa de su sufrimiento diario. En los documentos judiciales, aseguró que “Satanás había causado al demandante miseria y amenazas injustificadas en numerosas ocasiones”. También sostenía que el Demonio había colocado deliberadamente obstáculos en su camino y había provocado directamente su caída personal.
Para Mayo, el asunto no era simplemente simbólico o religioso. El preso insistía en que Satanás y sus “secuaces malignos” habían violado sus derechos constitucionales, una acusación tan inusual que dejó al sistema judicial estadounidense frente a cuestiones tanto legales como filosóficas.
El juez finalmente desestimó la demanda, aunque no sin cierta ironía. Uno de los principales problemas era la jurisdicción: no existía ninguna prueba de que el Diablo residiera dentro del distrito donde se había presentado el caso. En términos prácticos, el tribunal no podía determinar siquiera si tenía autoridad sobre el soberano del Infierno.
Otro gran obstáculo era la entrega oficial de la citación judicial. Según la ley estadounidense, todo acusado debe recibir formalmente la notificación de la demanda en su contra. Sin embargo, pocos funcionarios parecían dispuestos a emprender el viaje hasta el Infierno para entregar personalmente los documentos a Satanás.
Con el paso de los años, esta insólita demanda se convirtió en una anécdota célebre en las facultades de derecho de Estados Unidos, ilustrando tanto la creatividad de algunos demandantes como los límites muy reales del sistema judicial. También demuestra que incluso los tribunales más serios pueden terminar enfrentándose a situaciones dignas de una sátira.
Más de cincuenta años después, el intento de Gerald Mayo de demandar al Diablo sigue fascinando a juristas y amantes de las historias insólitas. Porque, al fin y al cabo, demandar a Satanás puede ser teóricamente posible… pero lograr que firme el acuse de recibo es otra historia.
Grok, CC0,






