Una conexión entre el aspecto físico y el nombre de pila


Un equipo científico internacional llegó a la conclusión de que nos parecemos físicamente a la imagen que se asocia a nuestros nombres, según un artículo publicado en la revista especializada Journal of Personality and Social Psychology.

El experimento fue realizado por un equipo liderado por Yonat Zwebner, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Durante la prueba, a voluntarios de Francia e Israel se les mostraron imágenes de personas desconocidas con cuatro opciones de nombres. Los participantes tenían que asociar a cada persona con su nombre. De acuerdo con los cálculos de los investigadores, la tasa de coincidencia era mucho mayor de lo que se esperaba. Los voluntarios adivinaron los nombres en un 40% de los casos, independientemente de la raza o el nivel social de las personas de las fotos.

Paralelamente, este patrón, denominado 'efecto de Dorian Gray', solo funcionó cuando se les mostraba a los participantes las imágenes de sus compatriotas. Esto podría ser evidencia de que los voluntarios tenían en cuenta los estereotipos culturales relacionados con el aspecto físico de los portadores de algunos de los nombres populares en sus países. Posteriormente, los científicos lograron 'entrenar' la inteligencia artificial de una computadora, tras lo cual esta averiguó los nombres en el 64% de casos. Únicamente le hizo falta analizar la forma de la cara, el peinado y otros rasgos faciales.

Sin embargo, ¿cuál es la razón de este fenómeno? Según Zwebner, nos adaptamos inconscientemente a estos estereotipos, cambiando nuestros peinados o maquillaje.

"En el caso de otros clichés, esto suele suceder, e influyen en cómo somos y cómo nos comportamos. Por ejemplo, en nuestro experimento, la gente cree que los hombres que se llaman Bob tienen caras más redondas que los hombres llamados Tim. Creemos que los estereotipos realmente pueden influir en nuestro aspecto físico, e incluso cambiarlo", afirmó.

Anteriormente, los psicólogos estadounidenses habían logrado combatir algunos estereotipos acerca de la conexión entre el aspecto físico y el comportamiento de una persona. Por ejemplo, demostraron que las rubias no son más tontas que las morenas, que no tenemos un 'gaydar' —capacidad intuitiva de evaluar la orientación sexual de otra persona— interno, y que los estereotipos sobre los hombres y las mujeres son mayoritariamente falsos.

Foto: Hilary Fisher

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