El Emirato Islámico enfrenta ola de deserciones


Como cualquier ejército envuelto en una guerra demasiado prolongada y abocado a la perspectiva de una derrota, el Emirato Islámico está enfrentando una oleada de motines e deserciones masivas.

Hasta hace relativamente poco tiempo, el Emirato Islámico parecía haber logrado garantizar la lealtad de sus elementos recurriendo a la confiscación de sus pasaportes, medida que ya viene resultando insuficiente.

Ya en septiembre de 2014, el Emirato Islámico había organizado una verdadera purga al proceder a la liquidación de los oficiales tunecinos que se habían apoderado del aeropuerto de Raqqa –ciudad siria que esa organización yihadista presenta como su actual capital– para reemplazarlos por nuevos oficiales provenientes de varias repúblicas ex soviéticas y de China.

Pero posteriormente, la cúpula de ese movimiento yihadista ha comenzado incluso a implantar procedimientos disciplinarios para mantener la cohesión de sus fuerzas.

El 15 de noviembre de 2015, 10 combatientes fueron condenados a muerte y ejecutados por haber tratado de huir ante la ofensiva de las fuerzas iraquíes.
El 20 de diciembre de 2015, 10 combatientes fueron condenados a muertes y ejecutados por alta traición.
El 29 de enero de 2016, más de 20 combatientes fueron condenados a muerte y ejecutados en la ciudad de Mosul (Irak) por haber tratado de desertar.
Todas las ejecuciones se desarrollaron en público y en presencia de los compañeros de armas de los ejecutados.

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