Por la gloria del arameo


En respuesta al movimiento salafista, que sólo concede importancia al islam y desprecia las civilizaciones anteriores, un movimiento está surgiendo en la región del Levante a favor de un regreso al arameo.

No es nuevo este debate, que incluso ya había aparecido hace varios años en el seno del Baas sirio. En aquel momento, los partidarios del arameo, como lengua que dio origen al árabe y el hebreo, quedaron en minoría ante quienes los acusaban de querer reintroducir una influencia judía en el mundo árabe. Hoy en día, la correlación de fuerzas está cambiando en el otro sentido y muchos reconocen que el arameo es la lengua de la Siria histórica, lengua que aún se habla en ciertas localidades cristianas, como Maalula (en Siria). También hablan arameo los asirios de Irak, los mandeos (discípulos de San Juan Bautista) y los judíos kurdos.

En los espacios de la lengua aramea existen textos que merecen, en efecto, una lectura crítica nueva y diferente.

A despecho de la falta de elementos sobre ese tema, y de lo difícil que resulta el acceso a los pocos elementos existentes, la imagen que llega hasta nosotros plantea la necesidad de dar a conocer al mundo un imaginario que –por cierto– ha sufrido las consecuencias de una situación injusta que es resultado de una serie de factores subjetivos.

Al igual que otros elementos de referencia sirios, el arameo también fue deformado, tanto de manera involuntaria como voluntaria, e incluso enterrado. Pero ello no significó de ninguna manera su desaparición, su desvanecimiento o su muerte. Una vieja leyenda nos enseña que el logos sirio florecía cada vez que los asesinos lo creían definitivamente muerto.

Así sucede en la guerra, al igual que con la geografía, la poesía, la música y la invención de la modernidad en su conjunto.

Si bien los sirios tendrían que esperar por tiempo indefinido por el surgimiento de un nuevo Sargon para que se cumpla el inexorable destino que se augura en las mitologías, es también en los textos antiguos donde se nos dice que la renovación y la revitalización son inevitables en esta región.

Cada vez que esta parte del mundo se ve expuesta a severas protestas, la vida respira en ella profundamente, como si la nación siria hubiese respirado oxígeno, o como si hubiera bebido en el agua un elixir de la inmortalidad, como si lo hubiera mezclado con su trigo y lo hubiese dejado añejar con su mejor vino.

El arameo, la lengua, el imaginario y los espacios vitales recuperados por el hombre al empuje de las aguas. Esa lengua tendrá que volver a la vida ahora, aunque eso no sea del agrado de los hipócritas que no dejarán de lanzar acusaciones y de fomentar interpretaciones.

Lo primero que habría que hacer quizás sería reactivar el instituto de lengua aramea, en Maalula, conforme al arameo sirio grabado sobre la estatua de Sargon que se conserva en el Museo Nacional.

La ruptura con esa lengua, que algunos consideran conectada con la política mientras que otros la creen relacionada con ciertas ideologías, fue un error histórico fatal. El arameo es finalmente hijo legítimo, al mismo tiempo, del entorno y del hombre en la interacción normal entre ambos a través de miles de años.

El arameo, esa lengua que ha sido blanco de varios intentos destinados a desplazarla, a masacrarla, a borrarla de los anales de la Historia, debe integrarse hoy a la memoria de los sirios, independientemente de su religión. También debe reintegrarse a la memoria de las instituciones educativas y culturales con vista a elaborar programas y organizar festivales que permitan el reencuentro con esa madre herida.

El arameo no es solamente una lengua de adopción, como numerosos conceptos y muchas otras culturas que hoy ocupan la primera línea en la escena.

Si realmente queremos revivir las raíces y rectificar muchos errores históricos en la mentalidad, el manejo y la rectificación del imaginario torcido, hay que devolver a la lengua aramea su propia gloria: la lengua, la imaginación, las historias de amor, la poesía y, sobre todo, la mirada sobre el Derecho, el Bien y lo Bello.

El arameo es nuestra gloria desaparecida. Ya es hora de que brille nuevamente.


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