Reflejos del más allá


¿Reflejan los espejos algo más que la sobria realidad? ¿Y si hubiera algo o alguien observándonos desde el otro lado? Sin duda, estos objetos poseen un halo de misterio, aunque su magia haya quedado como mero argumento de ficción.

 No obstante, el artefacto protagonista de este reportaje podría demostrar que, en efecto, los espejos contienen cierta carga paranormal observable y mesurable. Una familia de la localidad alicantina de Pinoso da fe de lo que decimos.

Cuando Inmaculada se disponía a salir de casa aquel 25 de diciembre de 2013, se miró en el espejo de la entrada de su domicilio –como hacía habitualmente–, para darse el último retoque antes de pisar la calle. Pero aquella mañana ocurrió algo muy extraño. La superficie del objeto estaba llena de lo que le parecieron letras, pensó tras observar más detenidamente la morfología de los signos. Pero, ¿cómo había aparecido eso allí de la noche a la mañana?

Para confirmar que sus ojos no la engañaban, Inma avisó a su madre, también llamada Inmaculada. «¡Que cosa tan rara!», convinieron ambas, puesto que el espejo estaba repleto de símbolos que parecían haber brotado desde el interior mismo del cristal y, además, lo había hecho la noche del 24 al 25 de diciembre, cosa que, si bien podría deberse a la casualidad, añadió todavía más misterio al asunto para las intrigadas dueñas de la reliquia familiar.

Patrones repetitivos

Los días transcurrían y los familiares que las visitaban se quedaban asombrados  y maravillados. Uno de ellos, Amador, el tío de Inmaculada, farmacéutico de profesión y hombre de ciencia, se mostró especialmente impactado. Por mucho que examinaba el espejo y cavilaba sobre las posibles causas de aquella eclosión espontánea de símbolos que, además, se repetían de acuerdo a un patrón de formas limitado y tamaño similar, no lograba hallar una explicación. Describió aquellos signos como «unas señales en el espejo muy extrañas».

Fue a través de Amador como logramos contactar con la familia. Visitamos la casa en varias ocasiones con el fin de conocer de primera mano el enigma del «espejo encantado». Inmaculada y su madre se hacían mil preguntas: ¿Sería un defecto del cristal? Tenían una gran inquietud. Querían saber cuál era el origen de aquello. Nos hicieron notar que los símbolos seguían patrones de repetición y que algunos de ellos se correspondían, incluso, con letras reconocibles del alfabeto latino.

«Mi hija se mira todos los días en este espejo. Ese día me llamó gritando: ‘¡Mamá, mamá, ven, que el espejo está lleno de letras!’ Tiene más de cien años. Antes había estado en otra casa muy antigua. Pasó de padres a hijos, de generación en generación, de unas manos a otras, a través de los años. Mi hermano, que es una persona muy reacia, tampoco se lo explica. Piensa que no es normal». De esta forma nos resumía someramente el suceso la madre de Inmaculada. Por su parte, la hija, comentaba: «A lo mejor es cosa del espejo, que se ha estropeado, pero de una forma un poco rara. Nunca he visto nada igual. Estaba intacto la noche anterior. Mira que tenemos espejos antiguos en la casa, más que éste, a los que incluso les ha aparecido alguna mancha propia del lógico deterioro, pero esto es rarísimo. ¡Es que son letras!».

Tras retirar el contrachapado, pudimos observar que la superficie estaba completamente lisa. No había sido rayada. Tampoco había rastros de humedad. Decidimos consultar el caso con expertos en este tipo de materiales, y nos trasladamos a la ciudad de Novelda para hablar con Susi, propietaria de un negocio familiar de varias generaciones de cristalería y espejos… (Continúa en AÑO/CERO 289).

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