El FBI piensa que Albert Einstein era un espía de Stalin


Hasta el mismo momento de su muerte, Albert Einstein fue investigado por docenas de agentes del FBI, ante las sospechas de que era un espía comunista. Casi 1.500 páginas de un expediente parcialmente desclasificado revelan que cada paso del físico de origen alemán fue escrutado, pero sin hallar pruebas inculpatorias.

MADRID. Edgar Hoover, director de la policía federal estadounidense, tuvo en su punto de mira al mayor genio científico del pasado siglo XX porque estaba convencido de que, tras su ideario pacifista y antifascista, se ocultaba una labor de espionaje al servicio de la Unión Soviética gobernada por Stalin. Este capítulo poco conocido del creador de la Teoría General de la Relatividad vio la luz en 1983, cuando un profesor de la Universidad Internacional de Florida tuvo acceso a una versión censurada del expediente abierto por el FBI, un voluminoso archivo de documentos formado por 1.427 folios. Ahora han aparecido detalles mucho más precisos de esta historia en el libro «El expediente Einstein: la guerra secreta de J. Edgar Hoover contra el científico más famoso del mundo». Su autor, el periodista Fred Jerome, interpuso un pleito judicial contra el Gobierno estadounidense para obtener una versión más completa del expediente.

Informantes y rumores

Según Fred Jerome, una lectura más amplia de la documentación acumulada revela que los agentes del FBI interceptaron el correo y las llamadas telefónicas de Einstein, e incluso revisaban en su basura para obtener las pruebas incriminatorias necesarias para culparle de espionaje, lo que finalmente no pudieron demostrar porque, realmente, tal actividad sólo pareció existir en la mente de Edgar Hoover.

Curiosamente, una gran parte de la investigación se basó en el testimonio de informantes, de identidad ahora desvelada, que llegaron a acusar al físico de maniobras tan absurdas como su participación en una conspiración comunista para controlar Hollywood o en el desarrollo de un rayo mortal. Esos rumores mantuvieron abierta la investigación del FBI hasta su muerte en 1955, a los 76 años, en paralelo a pesquisas del Departamento de Inmigración con vistas a su eventual deportación de Estados Unidos.

Las primeras labores de seguimiento a Einstein se iniciaron en 1932, cuando el Departamento de Estado recibió una carta de la Corporación de Mujeres Patrióticas para solicitar que le impidiera la entrada en el país por su presencia en organizaciones dedicadas a la paz y el desarme. La carta decía que ni siquiera Stalin estaba afiliado a tantas «organizaciones anarco-comunistas». Entre los documentos que forman parte del «expediente Einstein», de libre acceso en la página web foia.fbi.gov/einstein.htm, figuran informes sobre el apoyo público del genial físicos a varios grupos que desde Estados Unidos alentaban la lucha contra la dictadura de Franco. Así en un informe, con fecha de noviembre de 1953, se relata que apoyaba al Comité Norteamericano para la Ayuda a la Democracia en España, una organización comunista según el FBI. Einstein también habría respaldado al Comité de Estados Unidos para la Libertad de España y apoyado una campaña de colecta en favor de los exiliados tras la Guerra Civil. La acusación más directa procede de un informe del servicio de inteligencia del ejército de EE.UU., donde se dice que Einstein utilizó su despacho de Berlín como centro de decodificación de mensajes al servicio de Rusia durante la II Guerra Mundial.

En declaraciones a «The New York Times», Jerome explicó que el expediente del FBI revela que, en realidad, el científico de origen alemán no era un idealista comprometido con cualquier causa pacifista, tal y como ha perdurado su imagen pública, sino una persona con astucia política que meditaba seriamente a qué organizaciones daba su apoyo.

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