El encuentro de Imjärvi



Encuentro cercano de tercer tipo, Me sentía enfermo. Me dolían las articulaciones y la espalda. La cabeza empezaba a dolerme y al cabo de un rato vomité. Cuando iba al servicio la orina salía casi negra, como si se derramara café sobre la nieve. Esta situación se prolongó durante un par de meses. Éstos fueron los efectos que padeció uno de los testigos de un increíble encuentro que tuvo lugar en 1970, en los nevados bosques del sur de Finlandia.

En la tarde del 7 de enero de 1970, dos campesinos, Aarno Heinonen y Esko Viljo, salieron a esquiar. Se detuvieron en un pequeño claro a contemplar las pocas estrellas que había en ese frío atardecer. Al poco tiempo oyeron un zumbido y vieron en el cielo una luz brillante que avanzaba hacia ellos. Según se acercaba por encima de las copas de los árboles, vieron que emanaba una humareda y que se arremolinaba a su alrededor una neblina gris rojiza. Dentro de la nube había un objeto circular en forma de platillo volante, metálico, aparentemente, y de unos 274 cm de ancho. Tenía una cúpula y, debajo, tres esferas alrededor del borde, que recuerdan las fotografías de Adamski de casi veinte años antes. De la base del -objeto un tubo disparó de repente un rayo de luz hacia la tierra.

Antes de esto, el objeto había descendido a unos 3 m del suelo, a corta distancia de donde estaban los dos amigos.

Si ya se encontraban sorprendidos, en los minutos siguientes sabrían lo que significa quedarse sin aliento. Como cuenta Heinonen: « Yo estaba de pie, completamente inmóvil. De pronto sentí como si alguien me cogiera de la cintura por detrás y me hiciera retroceder. Creo que di un paso hacia atrás y en ese mismo instante vi a la criatura. Estaba de pie, en medio del haz de luz, con una caja negra entre sus manos. De unas aberturas de la caja surgía una luz amarilla intermitente. La criatura medía unos 90 cm de alto y tenía brazos y piernas muy delgados. Su rostro era pálido como la cera y la nariz parecía un gancho. Las orejas eran pequeñas y pegadas a la cabeza. Vestía una especie de mono de color verde claro. En los pies calzaba botas de color verde oscuro que le llegaban hasta por encima de las rodillas.
También llevaba guantes blancos hasta los codos y apretaba los dedos como garfios sobre la caja negra ».

Viljo describió también a la criatura « luminosa, como fosforescente » y tocada con un casco cónico que parecía de metal.
Para él medía menos de 91 cm.


De pronto Heinonen fue alcanzado por la luz que salía de la caja que sostenían las manos de la criatura. El bosque quedó repentinamente en silencio, una bruma gris rojiza salió del objeto y se vieron revolotear chispas en la nieve. La bruma ocultó a la criatura y envolvió a los testigos. Súbitamente el rayo de luz desapareció absorbido por la nave, llevando aparentemente consigo al ente. En un abrir y cerrar de ojos, también la nave se había ido. Heinonen tenía paralizado el lado derecho y Viljo tuvo que cargarlo casi durante los 3 km de camino a casa.

Fueron examinados posteriormente en la clínica de Heinola y el médico les recetó somníferos y sedantes. Creía que el dolor de las articulaciones y la jaqueca desaparecerían en unos diez días, pero cinco meses después Heinonen seguía sufriéndolos y, aunque la parálisis de la pierna derecha desapareció, no podía mantener el equilibrio correctamente.

También la memoria de Heinone se vio seriamente afectada, hasta tal punto que cada vez que salía tenía que avisar a su familia de adónde pensaba ir para que pudieran buscarlo si no volvía. Viljo también se vio afectado: su cara se hinchó y enrojeció, se había vuelto incoherente y disperso mentalmente.

El doctor Pauli Kajanoja señaló: « Los síntomas descritos son similares a los que se producen exponiéndose a la radioactividad ». Y agregó: « Ambos hombres dicen la verdad, no se trata de una invención. Cuando vinieron a verme, estaban en estado de shock; algo debe de haberles asustado. »

La experiencia fue confirmada por otras dos personas que informaron haber visto ovnis en el cielo en el mismo momento y en la misma zona de Imjärvi en la que se produjo el encuentro.

Pero para Heinonen el asunto no había terminado: entre la fecha del encuentro y agosto de 1972, dio cuenta de otros veintitrés contactos con ovnis. En cierta ocasión informó de haber conocido a una mujer extraterrestre extremadamente bella y a un ser, que recordaba mucho al venusino de Adamski pero más adelantado en la forma de comunicación, que ya no era meramente telepática, como en aquel caso, sino que ahora se expresaba en correcto finés.

Estas últimas afirmaciones tendieron a crear una atmósfera de desconfianza, incluso entre los investigadores más recalcitrantes, pero esto puede deberse a su propia incapacidad para comprender el fenómeno tal cual es.
Entre aquellos que conocían a los testigos, un granjero vecino, Matti Haapanieni, dijo: « Mucha gente de la vecindad se ha reído de esta historia. Pero yo creo que no hay nada de que burlarse. Conozco a Aarno y a Esko desde que eran niños. Ambos son personas tranquilas y razonables, aparte de ser abstemios. Estoy seguro de que su historia es verídica ».

Aproximadamente a la misma hora y en la misma zona de este episodio, hubo muchos otros avistamientos de «luces lejanas en el cielo», lo que añade credibilidad al caso.

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