La maldición del submarino U-65



El U-65, submarino alemán de la I Guerra Mundial, ha pasado a la leyenda por ser una de aquellas embarcaciones que atraen a la muerte antes incluso de haber hecho su travesía inaugural. Y es que, su primera muerte la produjo cuando aún estaba construyéndose, cuando un obrero fue golpeado de forma mortal por una viga destinada a la eslora del barco. Posteriormente, en su viaje de pruebas, tres tripulantes fallecieron al llenarse la sala de máquinas de gases.

Pero éstas no serían las únicas muertes que presenciaría el submarino. En otro viaje de pruebas con submarinos gemelos, el capitán ordenó a un tripulante subir a cubierta para hacer una observación de rutina. Cuando el submarino estaba sumergiéndose poco a poco, el tripulante saltó de la cubierta e inexplicablemente fue engullido por el torbellino ocasionado por la nave. Tras esto, el capitán ordenó estabilizar la nave a 10 metros, pero inexplicablemente ésta tocó fondo y quedó inmóvil en el fondo del mar, filtrando agua y llenándose de gases. Posteriormente, tal y como había dejado de funcionar, el submarino se activó milagrosamente y consiguieron ascender a superficie. 

Tras esto, el submarino fue enviado a astilleros para su revisión. Tras algunos días en dique seco, fue puesto a punto y armado. Realizando esta última maniobra, la cabeza de uno de los torpedos estalló matando al segundo teniente y a 8 marineros. 

Fue remolcado nuevamente al dique y entonces uno de los marineros afirmó haber visto de pie en la proa al segundo teniente muerto en la explosión con los brazos cruzados. Otro marinero, cuando estaban realizándose las nuevas reparaciones, afirmó nuevamente haber visto a segundo teniente de pie en la proa y nuevamente con los brazos cruzados.

En una de las travesías hacia el estrecho de Dover (Inglaterra), varios tripulantes aseguraban haber visto nuevamente al segundo teniente merodeando por el submarino .Entre los testigos se encontraba el oficial de servicio que incluso aseguraba haberle visto y posteriormente desvanecerse en el aire. La tensión era tal entre la tripulación que la marina tuvo que hacerse con los servicios de un sacerdote  para que exorcizase el barco, pero con todo, en la siguiente misión, un tripulante se suicidó, otro se volvió loco y otro se rompió una pierna. 

El día 10 de julio de 1918 el submarino americano L-2 avista al submarino alemán U-65 a la deriva frente a las costas de Irlanda. El capitán justo antes de ordenar el ataque para hundirlo, avistó una extraña figura en su proa… de nuevo surgía de forma espectral la figura del segundo teniente, que todo el mundo identificó de pie con los brazos cruzados. Instantes después, el submarino alemán era hundido, llevándose su mala suerte con él al fondo del océano.

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